BASILEA.- Hauser & Wirth Basel presenta una exposición individual dedicada a la obra de la artista suiza Irène Zurkinden (19091987). Conocida por los retratos que realizó por encargo para miembros de la sociedad de Basilea, esta presentación pone el foco en un conjunto más íntimo de retratos y autorretratos, ofreciendo una mirada profundamente personal a la vida de Zurkinden. La exposición, que abarca desde principios de la década de 1930 hasta los años 80, reúne pinturas y obras sobre papel que revelan la dualidad que marcó la trayectoria de la artista.
Nacida en Basilea en 1909, Zurkinden se formó inicialmente como ilustradora de moda, antes de trasladarse a París en 1929 para estudiar en la Académie de la Grande Chaumière. Allí abrazó la cultura liberada de la ciudad y se integró en su vibrante ambiente artístico, formando parte de un círculo social en el que se encontraban Salvador Dalí, Man Ray y Kiki de Montparnasse.
En 1932, Zurkinden convenció a su amiga Meret Oppenheim para que se reuniera con ella en París, desencadenando una serie de acontecimientos que conducirían a la creación de la icónica obra de Oppenheim Object (Le déjeuner en fourrure) (1936). Uno de los muchos retratos que Zurkinden realizó de Oppenheim se incluye en la exposición, junto con representaciones de amigas como la artista Lotti Kraus, la bailarina Marie-Eve Kreis y la pintora argentino-británica Eileen Agar.
Zurkinden, una retratista de extraordinario talento, se desenvolvía con facilidad entre los encargos que realizaba para familias adineradas de Suiza y los lienzos más personales que ahora se presentan en Basilea, contrastando la estudiada neutralidad de los primeros con la rica interioridad capturada en los segundos. Otras obras, como Vally (1946), reflejan la fascinación de la artista por la figura femenina, representada con fuerza y sensualidad.
Radical dentro del contexto de la Suiza de mediados del siglo XX y progresista incluso según los estándares liberales de la época, Zurkinden mantuvo relaciones sentimentales tanto con hombres como con mujeres y posteriormente inició una relación de una década con el músico de jazz alemán afrobrasileño Kurt Fenster, con quien tuvo dos hijos.
Zurkinden nunca se adscribió a una única escuela o movimiento, sino que desarrolló una práctica decididamente singular que tomó elementos tanto del surrealismo como del neoimpresionismo. Aunque estuvo inmersa en los círculos surrealistas, se distinguió de ellos al volver la mirada hacia el siglo XIX y recontextualizar técnicas y motivos tradicionales al servicio de una visión sorprendentemente personal y progresista.
Al mismo tiempo, Zurkinden permaneció atenta a las ideas de sus contemporáneos, y una selección de dibujos a tinta revela la influencia persistente del surrealismo a lo largo de su carrera: desde el sentido del humor y la fantasía que impregna obras como Ohne Titel (Surrealistische Zeichnung (Surrealist Drawing)) (hacia la década de 1930) hasta la deconstrucción del cuerpo presente en Hände (Hands) (1952).
Desde finales de la década de 1920 hasta los años 60, Zurkinden también realizó numerosos autorretratos que hablan tanto de su lúdica manera de escenificarse a sí misma como de la fortaleza necesaria para vivir de una forma tan individualista. El impactante desnudo de cuerpo entero Selbstbildnis (Self-Portrait) (hacia 1939) demuestra la franqueza sin concesiones con la que Zurkinden representó su propio cuerpo, mientras que otro autorretrato temprano, de 1927, la muestra mirando fuera del lienzo con una mirada intensa y desafiante.
La artista también plasmó su propia imagen en varias obras íntimas sobre papel en las que aparece junto a Fenster, a quien conoció en 1934. Tras vivir entre París y Basilea, el estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a la pareja a establecerse en Suiza, donde Zurkinden se integró al colectivo antifascista Gruppe 33, con sede en Basilea, convirtiéndose, junto con Oppenheim, en una de las únicas dos mujeres que formaron parte del grupo.
Después de la guerra, Zurkinden volvió a pasar temporadas en París. Comenzó a aceptar encargos teatrales para el diseño de escenografías y vestuario, además de retratos e ilustraciones, y viajó ampliamente por España, Italia y Marruecos.
Aunque expuso regularmente hasta su muerte en 1987, las aportaciones de Zurkinden al arte del siglo XX permanecieron comparativamente relegadas. Desde obras tiernas hasta experimentales, de composiciones lúdicas a otras decididas y firmes, las piezas reunidas en Basilea reivindican el carácter visionario de su práctica y, al mismo tiempo, ofrecen una ventana a una vida extraordinaria.