PRINCETON.- El
Museo de Arte de la Universidad de Princeton anunció la donación de 34 pinturas haitianas del siglo XX pertenecientes a Kay Culbreath Heller y J. Roderick Heller, miembro de la promoción de 1959. Esta importante incorporación, procedente de la destacada colección de los Heller, reúne obras de algunos de los artistas modernos más reconocidos de Haití, entre ellos Rigaud Benoit, Wilson Bigaud, Edouard Duval-Carrié, Hector Hyppolite, Jasmin Joseph, Philomé Obin, Sénèque Obin, André Pierre, Louisiane Saint-Fleurant y Gerard Valcin.
Con esta donación, el museo amplía considerablemente su representación del arte moderno y contemporáneo del Caribe e inaugura una colección permanente dedicada al arte haitiano. La adquisición profundiza el compromiso de la institución con la representación de artistas de la diáspora africana y transforma su capacidad para estudiar las conexiones históricas, políticas, espirituales y estéticas que plantean estas obras.
A partir del otoño de 2026, las pinturas de la donación serán instaladas en distintas galerías del museo. Inicialmente se presentarán en los espacios dedicados al arte estadounidense y latinoamericano y, posteriormente, en las salas de arte africano, europeo, moderno y contemporáneo, con el objetivo de destacar los diálogos interculturales que hacen posibles las piezas de la colección.
Las nuevas pinturas también abrirán importantes oportunidades para la investigación y la enseñanza en las distintas áreas de la Universidad de Princeton.
La reapertura del Museo de Arte de la Universidad de Princeton ha creado nuevas oportunidades para presentar las historias mundiales del arte con mayor profundidad y riqueza de matices, señaló James Steward, director Nancy A. NasherDavid J. Haemisegger, promoción de 1976.
Esta extraordinaria donación de Kay y Rod Heller nos permite situar en primer plano las tradiciones artísticas modernas de Haití, enriqueciendo nuestras galerías y aulas e invitando al público a descubrir la relevancia intelectual, espiritual y estética del arte haitiano dentro de un marco verdaderamente internacional.
Los artistas haitianos han contribuido a definir el arte moderno y contemporáneo de maneras que merecen una mayor visibilidad dentro de los relatos globales, afirmó Juliana Ochs Dweck, conservadora jefe.
Gracias a esta donación increíblemente generosa, Princeton podrá invertir en actividades de enseñanza, investigación y exhibición que reconozcan la profundidad, la innovación y la importancia de las tradiciones artísticas haitianas.
La Colección Heller se centra en artistas vinculados al Centre dArt de Puerto Príncipe, fundado en 1944, y refleja la producción artística desarrollada en Haití a lo largo del siglo XX.
Las pinturas abordan la vida cotidiana, la espiritualidad y los entornos naturales del país, al tiempo que exploran temas como la migración, la memoria y las persistentes consecuencias del colonialismo en el continente americano.
Varias obras examinan la iconografía y los rituales del vudú haitiano, entre ellas representaciones del árbol sagrado mapou y del lakou, o patio comunitario, subrayando las dimensiones espirituales y sociales de la vida en Haití.
Entre las piezas más destacadas figuran tres importantes pinturas de Rigaud Benoit (19111986), integrante de la primera generación del Centre dArt: Erzulie (ca. 1953), Children Playing (1962) y Vodou Ceremony (ca. 19571958).
En Children Playing, Benoit representa el lakou como un espacio de reunión comunitaria y formación social, mientras que Vodou Ceremony muestra una actividad ritual en torno al árbol sagrado mapou, considerado un portal entre el mundo terrenal y el espiritual.
La relación de Kay Heller con Haití comenzó en la década de 1980, cuando trabajó en Limbé y estableció estrechos vínculos con artistas y líderes culturales haitianos. Más tarde, Rod compartió la pasión de Kay por el arte del país y ambos construyeron juntos su colección.
Los Heller ya habían apoyado anteriormente el arte haitiano mediante exposiciones y donaciones importantes a instituciones como el Museo de Arte de Tampa y la Galería Nacional de Arte de Washington.
Su donación al Museo de Arte de la Universidad de Princeton garantiza que esta colección se convierta en un recurso permanente para la investigación, la enseñanza y la participación del público.