ST LEONARDS-ON-SEA.- Cincuenta años después del lanzamiento de Station to Station, el emblemático álbum de David Bowie, una colección de fotografías inéditas ofrece una mirada excepcional a las sesiones de grabación que contribuyeron a definir una de las etapas más fascinantes de su carrera. Las imágenes, tomadas por Geoff MacCormack, uno de los amigos más antiguos y colaboradores más cercanos de Bowie, se presentan en la
Lucy Bell Gallery en una exposición que podrá visitarse del 16 de octubre al 21 de noviembre de 2026.
Las fotografías transportan al público a finales de 1975, cuando Bowie vivía en Los Ángeles tras concluir su participación en la película The Man Who Fell to Earth, dirigida por Nicolas Roeg. El músico había comenzado a grabar lo que se convertiría en Station to Station en los Cherokee Studios, acompañado por un grupo de músicos que incluía al guitarrista Carlos Alomar, el bajista George Murray y el baterista Dennis Davis. El álbum, publicado en enero de 1976, marcaría un punto de inflexión en la evolución musical de Bowie, al servir de puente entre el sonido influido por el soul de Young Americans y la dirección experimental europea que exploraría durante los años siguientes.
MacCormack, conocido profesionalmente también como Warren Peace, estuvo presente durante toda aquella extraordinaria etapa. Amigo de Bowie desde la infancia en Bromley, se había incorporado a la banda de gira del cantante como corista tras el éxito de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars. Su amistad se transformó en una colaboración creativa que abarcaría varios álbumes, giras y sesiones de grabación.
Durante la creación de Station to Station, MacCormack se alojaba con Bowie en una casa alquilada en Bel Air. Ocasionalmente visitaba los Cherokee Studios, donde participaba con coros y animaba al músico mientras avanzaban las grabaciones. Sin embargo, la fotografía no era su principal preocupación.
Como recuerda MacCormack, nunca tuvo la intención de documentar sistemáticamente aquellas sesiones. En las relativamente pocas ocasiones en que llevaba su cámara al estudio, simplemente fotografiaba los momentos que llamaban su atención. Aquellas instantáneas aparentemente casuales se han convertido ahora en valiosos testimonios visuales de Bowie durante su proceso creativo.
Las fotografías capturan la atmósfera del estudio de grabación, desde Bowie frente al micrófono hasta los momentos en que escuchaba las reproducciones de las pistas grabadas, trabajaba en la mesa de mezclas o interactuaba con sus compañeros músicos. Otras imágenes muestran al cantante escribiendo letras y experimentando con su saxofón, revelando la concentración y la energía creativa detrás de un álbum que sigue ocupando un lugar fundamental en su legado artístico.
Lo que hace especialmente atractivas estas fotografías es su intimidad. En lugar de presentar a Bowie como la figura pública cuidadosamente construida que conocemos por las portadas de sus discos y las campañas promocionales, las imágenes de MacCormack revelan a un músico completamente inmerso en el proceso cotidiano de crear música. Ofrecen una perspectiva espontánea y sin artificios, posible gracias a la relación excepcionalmente cercana que el fotógrafo mantenía con su protagonista.
La exposición coincide con la publicación de David Bowie: Music Lover, un nuevo libro escrito por MacCormack y el periodista musical francés Jérôme Soligny, publicado el 28 de septiembre de 2026. La obra aborda el legado de Bowie desde una perspectiva diferente, explorando a los artistas y las grabaciones que lo inspiraron a lo largo de su vida.
A partir de los recuerdos personales de MacCormack y del amplio conocimiento de Soligny sobre la carrera de Bowie, el libro identifica a más de 100 músicos cuyas obras llegaron al tocadiscos del artista. La selección abarca desde la música clásica y el blues del delta del Misisipi hasta la música electrónica y el britpop, reflejando la curiosidad inagotable que caracterizó su relación con la música.
El recorrido comienza con Little Richard, cuyos discos cautivaron la imaginación de Bowie durante su infancia, y llega hasta Kendrick Lamar, cuya música escuchaba mientras trabajaba en su último álbum de estudio, Blackstar. Publicado en enero de 2016, apenas dos días antes de su muerte, aquel disco demostró que su deseo de descubrir nuevos sonidos permaneció intacto hasta el final.
En conjunto, el libro y la exposición iluminan una faceta de Bowie que a veces queda eclipsada por sus identidades visuales en constante transformación. Detrás de los elaborados vestuarios, las actuaciones teatrales y los célebres personajes se encontraba un oyente atento, alguien cuya evolución artística dependía, en parte, de su disposición a absorber nuevos sonidos e influencias inesperadas.
Las fotografías de MacCormack también van más allá del estudio de grabación. Su amistad con Bowie lo llevó a realizar viajes extraordinarios por Estados Unidos, Japón, Rusia y Europa. Como Bowie era reacio a viajar en avión, ambos se desplazaban frecuentemente en barco, tren y automóvil, experiencias que dieron lugar a otra notable colección de fotografías personales.
Entre estas imágenes se encuentran escenas de sus viajes a bordo del ferrocarril Transiberiano en 1973, así como fotografías tomadas durante el rodaje de The Man Who Fell to Earth en Nuevo México. En conjunto, documentan la vida de un músico cuyo constante movimiento entre lugares, culturas y disciplinas artísticas contribuyó a definir su obra.
La colaboración de MacCormack con Bowie incluyó participaciones en grabaciones de álbumes desde Aladdin Sane hasta Station to Station. También fue coautor de la canción Rock 'n' Roll With Me, incluida en Diamond Dogs, y colaboró con Bowie en Turn Blue, grabada por Iggy Pop para el álbum Lust for Life.
Para MacCormack, la importancia de estas imágenes reside, en parte, en su espontaneidad. Tomadas sin imaginar que algún día serían exhibidas en una galería, conservan momentos de amistad y creatividad que, de otro modo, podrían haberse perdido en el recuerdo.
La exposición en la Lucy Bell Gallery se inauguró con una presentación previa y una firma de libros el 16 de octubre. La galería ofrece ejemplares firmados de David Bowie: Music Lover por 25 libras esterlinas, mientras que las copias fotográficas de edición limitada están disponibles a partir de 195 libras.
Medio siglo después de que Station to Station llegara por primera vez al público, estas fotografías ofrecen algo que incluso las carreras musicales más exhaustivamente documentadas rara vez pueden proporcionar: la oportunidad de contemplar a un artista célebre a través de los ojos de alguien que no lo conocía simplemente como David Bowie, la estrella internacional, sino como un amigo de toda la vida.