BERLÍN.- Para
Berlin Art Week 2026, Galerie Thomas Schulte presenta la exposición LifeDeath de Katharina Sieverding. En el centro de la muestra se encuentra la película homónima de 1969, complementada por fotogramas de gran formato. Creada en lo que entonces era Berlín Occidental, la obra refleja una etapa temprana de la práctica de la artista y un momento histórico marcado por intensos cambios políticos, sociales y estéticos. Cabe destacar que LifeDeath fue presentada en documenta 5, en Kassel, en 1972, un temprano reconocimiento de su relevancia dentro de la historia del arte.
Dentro de la producción cinematográfica de Sieverding, LifeDeath ocupa una posición singular. La obra fue filmada en 16 mm durante un periodo decisivo tanto en lo personal como en lo artístico. En aquel momento, Sieverding era alumna de Joseph Beuys en la Staatliche Kunstakademie Düsseldorf y presenció de primera mano los conflictos institucionales y los movimientos de protesta de finales de la década de 1960. La filmación tuvo lugar poco después de los acontecimientos relacionados con el cierre temporal de la academia, protestas en las que participó tanto como documentalista como de manera activa. De este modo, LifeDeath representa no solo una búsqueda estética de nuevas formas visuales, sino también la experiencia de una sociedad en plena transformación.
La película prescinde de una narrativa lineal y opta por una secuencia de retratos, estudios del cuerpo y escenarios metafóricos. Junto a Othello, Stephan Runge y Holger Bombusch, Sieverding aparece desempeñando distintos papeles y dentro de diversas puestas en escena. El maquillaje intenso, los vestuarios andróginos, los gestos de transformación y las poses deliberadamente artificiales generan un estado de transición permanente. Opuestos como lo masculino y lo femenino, la vida y la muerte, el movimiento y la quietud no se resuelven, sino que permanecen en tensión. El lenguaje visual de la película anticipa ya desarrollos culturales que solo adquirirían mayor visibilidad años después bajo conceptos como glam rock, performance de género y estéticas no binarias.
Las experiencias de Sieverding en la vida nocturna de Düsseldorf, especialmente en torno al legendario Moras Lovers Club, influyeron directamente en la obra. Allí, la moda extravagante, los juegos de roles, la transgresión de género y la puesta en escena performática de uno mismo formaban parte de la rutina nocturna. En la película, estas prácticas no se documentan directamente, sino que se trasladan a un lenguaje artístico independiente.
La música desempeña un papel central. Después de que una primera versión de la película con texto hablado no resultara convincente, LifeDeath recibió en 1972 una nueva banda sonora creada por los músicos de Kraftwerk, quienes poco después alcanzarían reconocimiento internacional. La grabación se produjo durante una única sesión improvisada de estudio y documenta una temprana fase de transición entre el rock, la exploración sonora experimental y la música electrónica.
Paisajes sonoros de carácter psicodélico, flotantes y cercanos al sonido del órgano, recorren la película y le otorgan un aura casi hipnótica. El tiempo parece expandirse, las estructuras narrativas se disuelven y la imagen y el sonido se fusionan en una compleja superposición de capas. Es precisamente en esta unión entre transformación visual y sonora donde reside la extraordinaria vigencia contemporánea de la obra. Así como las figuras oscilan entre diferentes roles de género y concepciones de identidad, la música se desplaza entre universos acústicos y electrónicos. Ni las imágenes ni los sonidos permiten una clasificación inequívoca. En su lugar, surge un espacio abierto de ambivalencia en el que la identidad aparece como algo procesual: un movimiento continuo más que una categoría fija.
Al mismo tiempo, LifeDeath marca un punto de inflexión en la obra de la artista. La pieza combina performance, fotografía y cine dentro de una densa estructura visual, señalando el alejamiento de Sieverding de su práctica teatral anterior en favor de un lenguaje visual independiente. Ya aquí emerge una concepción de la creación de imágenes que dejaría una huella duradera en su producción posterior: las imágenes no aparecen como representaciones cerradas de la realidad, sino como espacios de transformación en los que el significado se genera continuamente.
En la exposición, esta perspectiva adquiere una dimensión adicional a través de la posterior transformación del material. Con el paso de la película analógica de 16 mm al video digital y mediante la reelaboración repetida del material, cambia el estatus de la imagen original. Ya no aparece como un documento histórico, sino como un material abierto susceptible de ser reconfigurado constantemente.
En Galerie Thomas Schulte, esto da lugar a un espacio visual de múltiples capas: la proyección de la película en dos canales entra en diálogo con fotogramas de gran formato y tableaux fotográficos, huellas inmediatas de un momento que ya había comenzado a cambiar en el mismo instante de ser capturado.
Frente al contexto de las culturas visuales actuales, LifeDeath se percibe sorprendentemente presente. En una época de producción incesante de imágenes, visibilidad algorítmica e imágenes generadas mediante inteligencia artificial, las preguntas que Sieverding planteó ya en 1969 parecen más urgentes que nunca: ¿Cómo se construyen las identidades a través de las imágenes? ¿Cómo transforman los medios tecnológicos nuestra percepción? ¿Y cómo puede mantenerse abierto el significado en lugar de fijarlo?
La exposición, por tanto, no presenta la obra de Sieverding únicamente como un documento histórico de una generación de vanguardia, sino como una pieza de extraordinaria urgencia contemporánea. Su ambivalencia productiva mantiene en suspensión los polos de la vida y la muerte, el pasado y el presente. Es precisamente allí donde reside el rigor intelectual y estético de esta práctica artística, una práctica que no ha perdido nada de su tensión hasta nuestros días.