FRIBURGO.- Mira M. Yang desarrolla una obra que aborda la transferencia cultural, la memoria y el sentido de pertenencia desde una perspectiva diaspórica. Su práctica parte de algo performativo o escenificado, que contiene la idea de una transmisión. En este sentido, actuar significa transmitir señales, energías y afectos. A menudo es un cuerpo performativo el que funciona como transmisor y receptor, aunque más recientemente M. Yang también ha utilizado esculturas animadas realizadas con piezas de máquinas como sustitutos de cuerpos humanos ausentes.
Para la exposición Ensemble, que se presentará en dos capítulos en
Kunsthalle Friart Fribourg y Fondation Pernod Ricard en París, M. Yang ha desarrollado nuevos ensamblajes sonoros y una película, que se exhiben en distintas configuraciones.
Siguiendo con la imagen de la transmisión, esta también implica el riesgo de una interferencia, una interrupción o un ruido en el que la señal se pierde y deja de ser audible. La obra de M. Yang señala momentos de amnesia histórica y ausencia, dándoles una forma que, aunque no puede recuperar aquello que se ha perdido, coloca algo diferente en su lugar. En la exposición aparecen diversos cuerpos sustitutos y elementos de reemplazo, en los que el patrimonio cultural reverbera como un eco, una huella o un sedimento. Los códigos y las imágenes no resueltos que contienen exigen una reconsideración más matizada.
En el centro de Ensemble se encuentra una exploración del legado artístico de la bailarina y cantante Choi-Seung Hee (19111969), la primera intérprete de la Corea colonial que actuó en escenarios europeos. Sus coreografías fusionaron influencias de las tradiciones coreana, china, india y del modernismo europeo, dando lugar a una forma de movimiento híbrida y poco convencional.
Su legado no solo está escasamente documentado, sino que además se encuentra distorsionado por las violentas huellas dejadas por los contextos del colonialismo, el imperialismo y el socialismo. M. Yang no aborda esta compleja herencia pretendiendo alcanzar una supuesta objetividad, sino que la reimagina y la somete a un proceso de transformación. Parte de la idea de que aquello que se ha perdido no puede simplemente reconstruirse, sino que debe imaginarse desde el presente. En Ensemble, esto se traduce en diferentes formas de registrar, traducir y anotar el movimiento.
La película Transmissions presenta una traducción ficcionalizada y una nueva puesta en escena de las coreografías de Choi-Seung Hee a partir de documentación incompleta, sustituyendo las partes ausentes y desconocidas por nuevas interpretaciones. M. Yang utiliza como escenarios para la película distintos lugares históricos vinculados con la época de las actuaciones de Choi-Seung Hee en París durante la década de 1930, entre ellos el Jardin dagronomie tropicale René-Dumont, el Musée Guimet, el Théâtre national de Chaillot y un restaurante de karaoke en el distrito 13.
Casi un siglo después, Choi-Seung Hee reaparece aquí de forma transformada a través del cuerpo de la bailarina Paula Pau. Mediante las formas en que la cámara revela, oculta y vuelve (i)legible el cuerpo, la obra reflexiona con sutileza sobre los mecanismos de objetivación. Aquí, el cuerpo no funciona como un soporte neutral que desaparece detrás de una partitura, sino que posee su propia lógica, opacidad y resistencia. Esto plantea una cuestión ética que reaparece constantemente en la exposición: ¿dónde comienza el control externo y dónde termina el autocontrol? ¿Cómo se guía el movimiento: mediante una estructura externa o a través de una dinámica interior?
La investigación sobre partituras e instrucciones continúa en un ensamblaje sonoro que ocupa el espacio. Está compuesto por distintos elementos que producen sonidos y ruidos y que, en conjunto, forman un cuerpo sonoro desmembrado y atomizado. Una vez más, es una ausencia la que da origen a la obra: ni la voz de Choi-Seung Hee ni la música que acompañaba sus actuaciones fueron documentadas de manera suficiente.
Mediante la labanotación, un sistema modernista ideado por Rudolf von Laban que permite analizar y registrar los movimientos del cuerpo humano, las coreografías de Choi-Seung Hee se traducen en señales codificadas por máquinas que las esculturas interpretan como un cuerpo sonoro que respira, zumba, vibra, tintinea y produce resonancias continuas.
En su reflexión sobre el control y la capacidad de acción, la exposición adquiere un peso adicional mediante una serie de marionetas históricas. Prestadas por la colección del Swiss Puppet Museum de Friburgo y procedentes de distintos orígenes, descansan en vitrinas y cajas cuidadosamente forradas junto a sus accesorios, como si esperaran ser activadas. Su pasividad contrasta con la inquieta animación de las máquinas, que continúan ejecutando la partitura sin descanso hasta que reciben la orden de detenerse.
La exposición está acompañada por un amplio programa de actividades, entre ellas una conversación con Mira M. Yang y la curadora y profesora Filipa Ramos, el 10 de octubre de 2026, y un concierto de la artista y productora sonora surcoreana bela, el 7 de noviembre de 2026.
La exposición está curada por Kathrin Bentele.
La muestra está coproducida con Fondation Pernod Ricard en París, donde se presentará un segundo capítulo del 24 de noviembre de 2026 al 2 de febrero de 2027.