ZÚRICH.- Vilhelm Hammershøi. The Eye That Listens, que se presenta en el
Kunsthaus Zürich del 3 de julio al 25 de octubre de 2026, es la primera exposición museística integral en Suiza dedicada al artista danés Vilhelm Hammershøi (1864–1916).
La muestra explora la extraordinaria producción de un pintor que trabajó con matices de color de una sutileza infinita y cuyos interiores austeros y silenciosos paisajes urbanos figuran entre las imágenes más impactantes del modernismo europeo.
Conocido como el "Vermeer del Norte", Vilhelm Hammershøi fue uno de los artistas daneses más importantes de su época y es considerado un icono nacional en su país.
Sus pinturas representan principalmente habitaciones vacías, plazas desiertas o interiores inundados por una luz tenue. A pesar de su aparente sencillez, están impregnadas de una atmósfera particularmente intensa: las habitaciones parecen familiares y extrañas al mismo tiempo, los objetos afirman su presencia silenciosa y las figuras, con frecuencia Ida, la esposa del artista, suelen aparecer únicamente de espaldas.
La narración es sustituida por una observación concentrada del espacio, la luz y el estado de ánimo.
Precisamente esta concentración en lo esencial es lo que confiere originalidad al arte de Hammershøi. En sus pinturas, los objetos cotidianos, un plato vacío sobre una mesa, una silla desocupada o un cuadro colgado en la pared, adquieren una presencia inesperada y, a menudo, inquietante.
El escritor austriaco Heimito von Doderer habló en una ocasión del "silencio semejante al de los muebles" de las cosas, una formulación que describe con precisión los austeros interiores de Hammershøi, casi desprovistos de objetos.
El arte de los matices
Lo que distingue especialmente la obra de Hammershøi es su sensibilidad hacia los matices más sutiles. Sus imágenes están construidas mediante delicadas gradaciones de colores apagados.
Una luz pálida penetra en habitaciones extrañamente silenciosas, las sombras se extienden sobre paredes desnudas y la disposición de los muebles y los objetos suele cambiar apenas de una pintura a otra.
Son precisamente estas mínimas variaciones las que agudizan la mirada del espectador y dirigen la atención hacia el propio acto de percibir.
Afinidades intelectuales
Aunque Hammershøi suele ser descrito como un artista solitario, se mantuvo en contacto con los movimientos artísticos internacionales de su época.
Fue, por ejemplo, admirador del pintor estadounidense James McNeill Whistler, cuyas obras también se caracterizan por sus armoniosas combinaciones cromáticas y sus composiciones depuradas.
La práctica de Whistler de referirse a sus pinturas como «arreglos» o «sinfonías» encuentra un paralelo en la obra de Hammershøi. El artista danés también eliminó progresivamente de sus imágenes cualquier elemento anecdótico para concentrarse principalmente en los aspectos formales.
En este sentido, el arte de Hammershøi parece sorprendentemente moderno. Sus composiciones concentradas y las pequeñas modificaciones introducidas en motivos que se repiten constantemente también invitan a establecer comparaciones con artistas como Félix Vallotton.
Ambos comparten una paleta cromática característica y un interés por las atmósferas inquietantes y misteriosas.
La dimensión del silencio
Como sugiere el subtítulo de la exposición, The Eye That Listens, otra dimensión de la obra de Hammershøi que hasta ahora ha recibido poca atención es su relación con la música.
Muchas de sus imágenes incluyen instrumentos como el violonchelo, el piano o el violín. Su biografía también documenta sus vínculos con el mundo musical: varios de sus amigos y coleccionistas eran músicos, y el propio Hammershøi tocaba el violonchelo como aficionado.
De sus pinturas emana un silencio muy particular. No se trata de la ausencia de sonido, sino de una calma cargada de tensión que evoca el instante inmediatamente anterior al comienzo de un concierto.
Primera presentación museística en Suiza
La exposición del Kunsthaus Zürich no se limita a los célebres interiores de Hammershøi. También presenta temas menos conocidos de su producción, como retratos, paisajes urbanos y paisajes naturales.
La muestra sitúa además la obra del artista dentro de un contexto histórico-artístico más amplio. Algunas incursiones en periodos anteriores y posteriores a la época de Hammershøi, representadas por obras de Jacobus Vrel, Adolph Menzel y Michaël Borremans, incorporan al pintor danés a la prolongada tradición artística dedicada al tema del silencio.
La exposición ha sido curada por Jonas Beyer y Sandra Gianfreda y ha sido organizada en colaboración con el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid.
La muestra cuenta con el apoyo de Albers & Co AG, la Fondation Etrillard, la International Music and Art Foundation y otras tres fundaciones.