VENECIA.- Save Venice anunció la conclusión de la restauración del majestuoso Monumento funerario del dogo Francesco Foscari, realizado en el siglo XV y ubicado en la Basílica de Santa Maria Gloriosa dei Frari, en Venecia.
Historia
Cuando el cuerpo sin vida de Francesco Foscari fue trasladado por Venecia bajo un palio de tela de oro, el 4 de noviembre de 1457, toda la ciudad salió a presenciar el cortejo. Foscari había sido depuesto apenas unos días antes, el 22 de octubre de 1457, pero su repentina enfermedad y su muerte habían despertado una amplia simpatía entre la población.
Aquella fría mañana de invierno, el nuevo dogo, Pasquale Malipiero, acompañado por la Señoría, el clero, las scuole grandi, los nobles y los ciudadanos de Venecia, formó parte de la procesión que acompañó a Foscari en su último recorrido hasta la Basílica de Santa Maria Gloriosa dei Frari.
Tras la oración fúnebre pronunciada por el historiador Bernardo Giustinian, los restos fueron sepultados en la iglesia. La tumba, destinada a ocupar el muro derecho del presbiterio de los Frari, fue erigida durante los años siguientes por Marina Nani, esposa de Francesco Foscari, y por su hermano Marco Foscari, probablemente entre 1457 y 1461.
Más de cinco siglos después, el monumento dedicado a Francesco Foscari continúa en pie contra el muro derecho del presbiterio de la basílica, rodeado por una decoración mural al fresco ornamentada con los escudos de la familia.
En el centro del muro, bajo un dosel de honor sostenido por dos guerreros, la estatua yacente del dogo Foscari descansa sobre un sarcófago. En sus esquinas aparecen cuatro personificaciones femeninas de las virtudes cardinales Fortaleza, Templanza, Prudencia y Justicia, mientras que en la parte frontal se encuentran relieves de medio cuerpo de las virtudes teologales: Caridad, Fe y Esperanza.
Se ha sugerido que estas virtudes, similares a las que decoran la Porta della Carta del Palazzo Ducale, celebran los logros terrenales de Foscari. Los bajorrelieves situados en los costados del sarcófago representan a san Francisco, patrono de Foscari, a la izquierda, y a san Marcos, patrono de Venecia, a la derecha. Ambos actúan como intercesores del dogo ante Dios.
Finalmente, por encima del entablamento de la tumba, el arcángel Gabriel se aparece a la Virgen María. Las dos esculturas recrean la Anunciación y la concepción de Cristo. Entre ambas figuras surge Cristo resucitado dentro de una mandorla mística, concebida como punto de encuentro entre el ámbito terrenal y el divino.
La figura de Cristo resucitado merece especial atención. Durante mucho tiempo, los especialistas interpretaron erróneamente su iconografía como una representación de Cristo acompañado por el alma de Foscari bajo la forma de un niño.
Sin embargo, un examen detallado de la escultura demostró no solo que el niño es en realidad un putto alado en actitud de bendecir, sino también que originalmente existía un segundo ángel al otro lado de Cristo.
Un dibujo conservado en los Staatliche Museen de Berlín muestra el grupo escultórico tal como habría lucido originalmente. Algunos investigadores consideran incluso que podría tratarse de un estudio preparatorio para la tumba de Foscari.
La iconografía de Cristo resucitado estaba profundamente vinculada a la figura del dogo, pues apareció en todos los ducados venecianos, desde la acuñación de las primeras monedas de oro durante el gobierno del dogo Giovanni Dandolo, en 1284, hasta el mandato de Gerolamo Priuli, a mediados del siglo XVI.
Al igual que en los ducados venecianos, en la tumba de Foscari Cristo aparece dentro de una mandorla, con la mano derecha levantada en señal de bendición y sosteniendo el Libro del Juicio. De este modo, culmina el ciclo de redención iniciado con la Anunciación.
La autoría de la tumba continúa siendo incierta y objeto de debate. Un grabado del siglo XVIII atribuye el monumento a Antonio y Paolo Bregno. Sin embargo, a lo largo del tiempo los historiadores del arte también han propuesto los nombres de Bartolomeo Bon, Antonio Rizzo y, más recientemente, Niccolò di Giovanni Fiorentino.
En el estado actual de la investigación, la atribución a este último parece ser la más convincente. Originario de Florencia, Niccolò trabajó en el taller de Donatello en Padua a comienzos de la década de 1450.
Antes de trasladarse en 1467 a Trogir, en Dalmacia, Niccolò permaneció en Venecia, donde dirigió un taller que participó en la realización del Arco Foscari y trabajó en las iglesias de Madonna dellOrto, SantAndrea della Certosa, SantElena y Santa Maria del Giglio.
Además, la comparación con las obras que realizó posteriormente en Dalmacia ha permitido sostener de manera convincente que fue él quien creó el monumento funerario del dogo Francesco Foscari.
Si se consideran la calidad de la obra y el prestigio de sus encargos, puede afirmarse que el autor de la tumba de Foscari se encontraba entre los escultores más importantes de la Venecia del siglo XV.
Restauración
Decoración al fresco
A lo largo de los siglos, los frescos del muro habían sido objeto de numerosas intervenciones, retoques y reparaciones. Además, se encontraban oscurecidos por una gruesa capa de suciedad superficial y depósitos de polvo.
En algunas zonas, el enlucido se había separado y levantado debido a una exposición prolongada a la humedad ascendente, los depósitos de sales y las filtraciones de agua de lluvia. El deterioro también se había extendido a la parte inferior del muro, afectando tanto las áreas decoradas como las superficies sin ornamentación.
La decoración fue cuidadosamente estabilizada y limpiada. También se llevaron a cabo reintegraciones pictóricas destinadas a preservar de la mejor manera posible la integridad histórica de las modificaciones realizadas durante cientos de años.
Monumento de piedra
El monumento de piedra, decorado con gran detalle, se encontraba cubierto por gruesas capas de residuos ajenos a la obra original, entre ellos polvo y suciedad acumulada.
Estas capas reducían considerablemente la visibilidad de los delicados detalles tallados y de las superficies pintadas, por lo que fueron eliminadas cuidadosamente.
El monumento está enriquecido con dorados y detalles policromados realizados con pigmentos como azurita y albayalde. Antes de la intervención, estos materiales presentaban levantamientos, descamaciones y desprendimientos.
Los conservadores los estabilizaron y limpiaron meticulosamente, incluso mediante el uso de tecnología láser, con el objetivo de preservar su integridad material.