LONDRES.- Dos pinturas monumentales realizadas en 1797 por el artista franc茅s Hubert Robert ofrecen una mirada al universo imaginativo de uno de los pintores de ruinas arquitect贸nicas m谩s reconocidos del siglo XVIII. Presentadas por
Colnaghi, las obras re煤nen esculturas cl谩sicas, paisajes imaginarios, monumentos antiguos e inesperadas combinaciones arquitect贸nicas, y revelan c贸mo Robert transform贸 sus recuerdos de Italia en composiciones que exploraban el paso del tiempo y la relaci贸n entre la historia y la imaginaci贸n.
Ambas pinturas, de 242 脳 242 cent铆metros, pertenecen a la etapa de madurez del artista y fueron creadas durante un cap铆tulo especialmente significativo de su vida, despu茅s de su encarcelamiento durante la Revoluci贸n francesa y su posterior regreso al servicio p煤blico como conservador del Museo del Louvre.
Conocido por sus evocadoras representaciones de monumentos en ruinas y escenarios pintorescos, Robert (1733-1808) desarroll贸 un lenguaje art铆stico que desdibujaba los l铆mites entre la realidad observada y la fantas铆a. Sus pinturas mostraban con frecuencia arquitecturas que parec铆an hist贸ricamente veros铆miles, pero que no exist铆an fuera de la imaginaci贸n del artista.
Este enfoque fue fundamental para el capriccio, un g茅nero en el que los artistas combinaban edificios, esculturas, paisajes y vestigios arqueol贸gicos de distintas procedencias para crear escenas imaginarias, aunque visualmente coherentes.
La fascinaci贸n de Robert por la invenci贸n arquitect贸nica surgi贸 durante los once a帽os que pas贸 en Italia, despu茅s de llegar a Roma en 1754. Como parte del s茅quito del embajador franc茅s 脡tienne Fran莽ois, conde de Stainville y posteriormente duque de Choiseul, el joven pintor se sumergi贸 en el patrimonio art铆stico y arquitect贸nico de la antigua ciudad.
Estudi贸 en la Academia Francesa de Roma bajo la direcci贸n de Giovanni Paolo Panini, cuyas imaginativas composiciones arquitect贸nicas contribuyeron a definir su orientaci贸n art铆stica, y recibi贸 ense帽anzas del influyente grabador Giovanni Battista Piranesi.
Estas experiencias llevaron a Robert a considerar los monumentos antiguos no solo como objetos de estudio arqueol贸gico, sino tambi茅n como elementos que pod铆an reorganizarse para construir nuevas narrativas art铆sticas.
A su regreso a Par铆s, Robert consolid贸 r谩pidamente su reputaci贸n y fue admitido en la Academia Real en 1766. Al a帽o siguiente, present贸 trece pinturas en el Sal贸n de Par铆s, donde llam贸 la atenci贸n del fil贸sofo y cr铆tico de arte Denis Diderot.
Al escribir sobre la obra de Robert en 1767, Diderot reflexion贸 sobre el poder emocional de las ruinas y las preguntas que planteaban acerca del lugar de la humanidad en la historia.
Para el fil贸sofo, los vestigios de civilizaciones que alguna vez fueron poderosas recordaban que los logros humanos terminan por desaparecer, mientras el tiempo contin煤a su curso inexorable.
Tres d茅cadas despu茅s, Robert segu铆a investigando estas ideas mediante composiciones cada vez m谩s sofisticadas.
La primera de las dos pinturas de 1797, A capriccio of a villa surrounded by a moat, with a classical statue of a goddess to the left (Capricho arquitect贸nico de una villa rodeada por un foso, con una estatua cl谩sica de una diosa a la izquierda), representa un entorno arquitect贸nico que resulta a la vez familiar e imposible de identificar.
Una villa rodeada de agua aparece junto a una escultura cl谩sica, reuniendo elementos que evocan el mundo antiguo sin representar un lugar hist贸rico espec铆fico.
En lugar de documentar un edificio existente, Robert combin贸 detalles procedentes de su amplio conocimiento de la arquitectura para crear un entorno ficticio convincente.
La pintura demuestra su capacidad para hacer que las construcciones imaginarias parezcan tan s贸lidas y cre铆bles como los monumentos que han sobrevivido al paso del tiempo.
La segunda obra, A capriccio featuring ancient ruins, a fountain in the foreground, and a self-portrait of the artist at work (Capricho con ruinas antiguas, una fuente en primer plano y un autorretrato del artista trabajando), presenta una combinaci贸n a煤n m谩s elaborada de referencias arquitect贸nicas.
Una fuente antigua y varias ruinas dispersas ocupan el primer plano, mientras que, a lo lejos, se eleva un asentamiento fortificado.
La figura escult贸rica situada sobre la fuente recuerda al Apolo de Belvedere, una de las estatuas m谩s c茅lebres que se conservan de la Antig眉edad cl谩sica y una fuente recurrente de inspiraci贸n para Robert.
La localidad que aparece en la distancia evoca el emplazamiento de T铆voli, cerca de Roma, sobre una colina, aunque sus torres redondeadas y tejados inclinados se asemejan a los de un castillo renacentista franc茅s.
Al fusionar paisajes italianos con tradiciones arquitect贸nicas francesas, Robert cre贸 un escenario que refleja tanto sus experiencias formativas en el extranjero como sus or铆genes culturales.
La pintura tambi茅n incluye un intrigante detalle personal.
Cerca de la esquina inferior izquierda aparece una peque帽a figura dibujando al aire libre. Algunos especialistas han sugerido que podr铆a tratarse de un autorretrato de Robert, bas谩ndose en comparaciones con retratos contempor谩neos del artista y en su pr谩ctica documentada de dibujar directamente del natural.
Aunque en los paisajes de Robert aparecen con frecuencia pintores y dibujantes, relativamente pocos pueden identificarse con certeza como representaciones del propio artista.
Este posible autorretrato aporta una dimensi贸n especialmente personal a una composici贸n dedicada, por lo dem谩s, a la arquitectura monumental y a la reconstrucci贸n imaginaria del pasado.
Robert incorpor贸 su firma y la fecha directamente en ambas pinturas.
En la escena de la villa, la inscripci贸n "H. Robert / 1797" aparece sobre el pedestal de la estatua cl谩sica, mientras que la obra que la acompa帽a lleva la inscripci贸n "Robert / 1797" en una tabla sostenida por una figura vestida de rojo.
Estas inscripciones refuerzan la relaci贸n entre el artista y los mundos imaginarios que construy贸.
Las circunstancias hist贸ricas que rodearon la creaci贸n de las pinturas tambi茅n contribuyen a su importancia.
Durante la Revoluci贸n francesa, Robert fue encarcelado antes de recuperar finalmente su libertad y reanudar sus actividades profesionales.
Bajo el Directorio, regres贸 a su puesto en el Louvre, donde particip贸 en la transformaci贸n del antiguo palacio real en un museo p煤blico.
En 1796, apenas un a帽o antes de completar los dos capricci, Robert exhibi贸 una c茅lebre pareja de pinturas que mostraban la Gran Galer铆a del Louvre en circunstancias opuestas.
Una imaginaba la galer铆a organizada como museo, mientras que la otra representaba el mismo espacio convertido en ruinas.
La yuxtaposici贸n vinculaba el inter茅s permanente de Robert por el deterioro arquitect贸nico con las convulsiones hist贸ricas que hab铆a presenciado en Francia.
Tambi茅n pon铆a de manifiesto una tensi贸n recurrente en su obra entre la preservaci贸n del patrimonio cultural y la inevitabilidad del cambio.
Las dos pinturas fechadas en 1797 pueden interpretarse dentro de este contexto art铆stico e hist贸rico m谩s amplio.
Sus edificios imaginarios y esculturas antiguas hablan de la influencia perdurable de la civilizaci贸n cl谩sica, mientras que la combinaci贸n de distintas tradiciones arquitect贸nicas refleja a un artista que reconsideraba la relaci贸n entre el pasado y el presente.
Ambos lienzos conservan sus bastidores originales, un elemento importante de su historia material, y sus dimensiones id茅nticas sugieren que fueron concebidos como obras complementarias.
Ahora destacadas por Colnaghi, galer铆a fundada en Londres en 1760 y especializada en pinturas, dibujos y obras de arte de los grandes maestros antiguos, las dos piezas ofrecen una oportunidad para reconsiderar los logros de Robert m谩s all谩 de su conocida reputaci贸n como pintor de ruinas.
Sus fantas铆as arquitect贸nicas no eran simplemente ejercicios de invenci贸n pintoresca.
Representaban una manera de reflexionar sobre la historia a trav茅s de la pintura, reuniendo fragmentos reconocibles del pasado en paisajes que nunca pudieron haber existido.
En manos de Robert, las ruinas se convirtieron en algo m谩s que vestigios de civilizaciones desaparecidas.
Le permitieron imaginar c贸mo perduran las culturas, c贸mo los monumentos adquieren nuevos significados y c贸mo el arte puede reconstruir el pasado sin dejar de reconocer el paso del tiempo.