KIOTO.- A lo largo de su trayectoria, Ugo Rondinone ha abordado la naturaleza no simplemente como un paisaje, sino como una condición psicológica y espiritual, un espacio desde el cual reflexionar sobre el cuerpo, la conciencia y nuestro lugar en la inmensidad del espacio y el tiempo.
Para un nuevo proyecto fuera de la galería organizado por
Sadie Coles HQ, que constituye además la primera exposición individual del artista en Japón, se instalarán diecisiete esculturas de figuras de piedra, una pintura que representa el sol y una escultura de un monje de carácter totémico en el templo Kiyomizu-dera de Kioto, uno de los lugares de culto budista más célebres e históricos del país.
Talladas de manera rudimentaria en piedra azulada, las figuras se inspiran en formas arcaicas, antiguos montículos de piedras y el impulso humano ancestral de reunir, equilibrar y apilar rocas.
Sus siluetas elementales evocan las estructuras inuksuk de las culturas indígenas del Ártico, al tiempo que poseen un significado profundamente personal para Rondinone, cuyo padre era cantero.
Instaladas en Jōju-in, conocido como el "Templo del Jardín de la Luna", las esculturas ponen el lenguaje del arte contemporáneo en contacto con un antiguo paisaje espiritual.
Las formas modernistas parecen surgir de su entorno, en lugar de interrumpirlo, creando un diálogo silencioso entre diferentes épocas y tradiciones.
Dispuestas en respuesta directa a la arquitectura del templo y a la atmósfera contemplativa de su jardín, las figuras presentan distintas dimensiones, mientras que sus formas esenciales les confieren una presencia casi primordial.
Parecen ser, al mismo tiempo, deidades atemporales, puntos de orientación y formas monumentales.
Su presencia silenciosa y firmemente arraigada establece un diálogo entre el cuerpo humano y el paisaje, entre la permanencia y la impermanencia, y entre el tiempo geológico y la fugaz duración de la vida humana.
Este sentido de simbolismo elemental también está presente en las obras de las series Sun (Sol) y Monk (Monje), que Rondinone continúa desarrollando y en las que las imágenes recurrentes del sol y las figuras anónimas en actitud meditativa funcionan como vehículos para la contemplación y la trascendencia.
En Kiyomizu-dera, donde siglos de rituales, arquitectura y paisaje se encuentran estrechamente entrelazados, la exposición propone una manera más pausada de observar e invita a reflexionar sobre cómo habitamos el mundo natural y cómo nuestros cuerpos, al igual que las propias piedras, son moldeados por fuerzas que se extienden mucho más allá de los límites de una vida individual.
Sobre esta exposición, el artista declaró:
"Me siento profundamente afortunado de que mi primera exposición en Japón tenga lugar en Kiyomizu-dera, un espacio donde la naturaleza, la arquitectura y la vida espiritual han coexistido durante siglos. No puedo imaginar un escenario más significativo para la primera presentación de mi obra en Japón.
shaping silence (Dando forma al silencio) reúne tres arquetipos elementales: el monje, la figura humana y el sol. Cada uno representa una relación diferente entre el mundo físico y nuestra vida interior, entre aquello que vemos y lo que experimentamos más allá de la vista".
Ugo Rondinone, octubre de 2026.